Algunos pensadores afirman que el coaching nació en la prehis-toria. En buena lógica no hay pruebas de ello, pero es inevitable pensarlo en un sistema de aprendizaje y desarrollo tan genuinamente humano.

El adagio «Conócete a ti mismo» (gnosti te autvn / nosce te ipsum), inscrito por los siete sabios en el frontispicio del templo de Delfos, es considerado el origen de la filosofía occidental. Se trata de un mensaje que ha estado presente en todas las culturas (tradición hebraica, védica, Avesta, Confucio, Lao-Tsé, budismo, Sócrates, Platón) y que ha recobrado en nuestros días toda su vigencia a través del coaching, del cual constituye un pilar fundamental.

Los orígenes modernos de este sistema de formación y desarrollo humano se sitúan en el ecuador del siglo XX (entre 1950 y 1960), cuando ciertos programas neoyorquinos de educación para adultos empiezan a aplicar la idea de que el aprendizaje de los adultos está motivado por la necesidad de afrontar las situaciones de la vida real de una manera más eficaz.

A finales de los 80, los programas de liderazgo empresarial comienzan a fijarse en la psicología deportiva y, más concretamente, en los métodos aplicados en sus equipos por algunos entrenadores (coach, en inglés) que utilizan el principio «primero el atleta, después los triunfos».

Los sucesivos éxitos logrados en el ámbito empresarial, llevaron a los principales directivos y organizaciones del mundo a interesarse por el coaching e incorporarlo como recurso permanente de manage-ment, consultoría y formación; convirtiéndolo en un fenómeno mundial y abriendo las puertas a su aplicación en ámbitos individuales o privados para favorecer la toma de decisiones acertadas, el compromiso vital y el proceso de renovación hacia los verdaderos objetivos.

Una función aplicable a todos y cada uno de los niveles estruc-turales de la organización: corporación, departamentos, equipos e individuos, que Dhosmos pone a disposición de todas las empresas que aspiran a desarrollar su propio universo de ventajas.